Edición nº 118

Aceptar las paradojas

Aceptar las paradojas

     "Es curioso", se dice a sí mismo el guerrero de la luz. “He conocido tanta gente que, a la primera oportunidad, intenta demostrar lo peor de sí misma. Esconde la fuerza interior detrás de la agresividad; disfraza el miedo a la soledad con aire de independencia. No cree en su propia capacidad, pero vive pregonando a los cuatro vientos sus virtudes.”
     El guerrero lee estos mensajes en muchos hombres y mujeres que conoce. Nunca se deja engañar por las apariencias, e insiste en permanecer en silencio cuando intentan impresionarlo. Pero aprovecha la ocasión para corregir sus faltas, ya que las personas son siempre un buen espejo.
      Un guerrero aprovecha cualquier oportunidad para enseñarse a sí mismo y admitir sus contradicciones.

Paciencia y Rapidez
      Un guerrero de la luz precisa de paciencia y rapidez al mismo tiempo. Los dos mayores errores de una estrategia son: actuar antes de hora, o dejar pasar la oportunidad.
      Para evitar esto, el guerrero trata cada situación como si fuese única, y no aplica fórmulas, recetas, u opiniones ajenas.
      El califa Moauiyat preguntó a Omar Ben Al-Aas cuál era el secreto de su gran habilidad política:
     “Nunca me metí en ningún asunto sin haber estudiado previamente la retirada; por otra parte, nunca quise salir de un asunto al poco tiempo de haber entrado en él,” fue la respuesta.

Perdonar y Aceptar
     Un guerrero de la luz siempre mantiene su corazón limpio de sentimientos de odio. Para conseguirlo, debe perdonar.
      Cuando camina hacia la lucha, no olvida las palabras de Cristo: “amad a vuestros enemigos.”
     Y el guerrero obedece, pero siempre recordando que Cristo no dijo: “gustad de vuestros enemigos”.
      El acto de perdonar no te obliga a aceptarlo todo. Un guerrero no puede bajar la cabeza. De lo contrario, perderá de vista el horizonte de sus sueños.

Descansar y Actuar
     Durante el intervalo del combate, el guerrero descansa.
      Muchas veces pasa días sin hacer nada, porque su corazón así se lo exige.
      Pero su intuición permanece alerta. No comete el pecado capital de la Pereza, porque sabe adónde lo puede llevar: a la sensación floja de las tardes de domingo, cuando el tiempo pasa, y nada más.
      El guerrero denomina esto “paz de cementerio.” Recuerda un fragmento del libro del Apocalipsis: te maldigo porque no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero, como eres tibio, te vomitaré de mi boca.
      Un guerrero descansa y ríe. Pero siempre está atento y dispuesto para la acción.

Ángel y Demonio
     Un guerrero sabe que un ángel y un demonio se disputan la mano que ase la espada.
     Dice el demonio: "vas a flaquear. No sabrás el momento exacto. Tienes miedo.”
     Dice el ángel: "vas a flaquear. No sabrás el momento exacto. Tienes miedo.”
     El guerrero se sorprende. Ambos han dicho lo mismo.
     Entonces el demonio continúa: “deja que te ayude.”
     Y dice el ángel: “yo te ayudo.”
     En ese momento, el guerrero percibe la diferencia. Las palabras son las mismas, pero los aliados son diferentes.
      Entonces él dedica su victoria a Dios. Y, con la confianza de los valientes, escoge la mano de su ángel.

 
Edición nº 118